Vespres a La2 (TVE): música, natación sincronizada, tristeza y mantras

El pasado 13 de octubre fui invitado a participar en el programa #Vespres a #La2 (#TVE) en el que se entrevistaba a Gemma #Mengual, medallista olímpica de natación sincronizada, que participará de nuevo el próximo año en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro. En el programa se comentaban sus gustos y aficiones (entre ellos la comida japonesa) y se hacía referencia a la #música que requiere la #natación sincronizada.

El guión inicial del programa había previsto debatir algunos aspectos referentes al #ritmo musical (en la natación sincronizada) así como dar alguna explicación sobre el efecto que pueden tener los #mantras (en base al concierto de mantras para la paz mundial del lama Akarpa Lobsang Rinpoche, celebrado en #Barcelona el día 8 de octubre) y algunos comentarios sobre la #música y los estados emocionales.

Todos aquellos que conocen el medio televisivo saben que el tiempo es «oro» y la dificultad en ceñirse estrictamente a la duración estipulada de los programas. El apartado reservado para los comentarios anteriores eran los últimos 10 minutos del programa pero la realidad los ajustó a escasamente 4 minutos. Así que los comentarios que pude ofrecer fueron demasiado sintéticos y genéricos pues apreciaba por los interlocutores que el tiempo se acababa y no daba para más detalles. Por ello, sin pretensión de extenderme demasiado expongo en este post las respuestas más detalladas, tal como había previsto, para cada uno de los temas

¿Qué importancia tiene la música en la natación sincronizada? ¿Cómo ayuda la música a desarrollar las habilidades motoras?

La música, en particular el ritmo, es un ingrediente fundamental para el movimiento. Las áreas auditivas cerebrales, encargadas de la descodificación de los parámetros musicales, mantienen conexiones neuronales con las áreas motoras (además de otras) según estudios neurofisiológicos del año 1967. Ello significa que simplemente por el hecho de escuchar música, las áreas de planificación motora están activas, aunque físicamente estemos sentados y no nos movamos.

Cuando la música es muy rítmica, intervienen además los ganglios basales y el cerebelo que es el corrector o ajustador de los movimientos para que cada vez sean más precisos. Es curioso que simplemente escuchando un palmoteo rítmico, en el cerebro se activarán todas estas áreas como si fuera un precalentamiento a la ejecución real del movimiento (danza, natación sincronizada, baile,…). Tan importante es el contenido rítmico que, en personas con enfermedades neurológicas como #Parkinson o #ictus, la escucha del sonido de un metrónomo es de gran ayuda para «reorganizar» y dirigir la sincronización de todas las áreas cerebrales que intervienen en un movimiento rítmico, como es el caminar. Incluso, por resonancias magnéticas, se aprecia que si hay deficiencias en los circuitos neuronales habituales que usan las personas sanas, el cerebro busca vías alternativas (plasticidad) para llevarlo a cabo. La música militar, en la que predomina el ritmo acentuado, es un poderoso estímulo musical para sincronizar y reajustar nuestro ritmo interno en aquellos movimientos biológicamente e intrínsecamente rítmicos.

En el caso de la natación sincronizada, hay además otro aspecto a considerar, y es el entrenamiento. Cuando efectuamos los movimientos sincrónicos con el ritmo de la música, por una parte se consume menos oxígeno (el organismo es más eficiente) y por otra nos habituamos, con las repeticiones, a esa secuenciación de movimientos. Eso significa que mi reloj o patrón interno también lo refuerzo con el aprendizaje de manera que las órdenes y/o movimientos cada vez serán más precisos.

¿Por qué cuando estamos deprimidos preferimos escuchar música triste?

Pensemos por un momento en cuál es nuestra actitud corporal y verbal cuando estamos contentos: andamos erguidos y de forma rápida, hablamos en voz alta, gesticulamos con energía,….y si queremos escuchar música, seleccionaremos una canción que sea similar a nuestro estado emocional, de gran contenido rítmico, alto volumen, con gran dinámica,…

Si por el contrario estamos tristes, nuestra actitud es más pasiva: caminamos despacio, con los hombros caídos, la mirada por debajo de la horizontal, la voz monótona y débil, con poca gesticulación,… y si queremos escuchar música, seguramente elegiremos una canción triste o melancólica.

Nuestro estado emocional prefiere elegir inconscientemente un tipo de música cuyas características reafirmen nuestro estado. Es la respuesta natural o inconsciente a nuestro estado. Es una conducta derivada de nuestra percepción para reafirmarse en dicho estado.

Ahora bien, si somos conscientes de nuestro estado y deseamos modificarlo, por ejemplo pasar de triste a alegre, podríamos hacerlo a través de la música. Solamente hay que tener la precaución de comenzar escuchando aquella música que «iguale» nuestro estado actual y poco a poco seleccionar otras canciones cuyos parámetros musicales vayan incrementando la sensación de movimiento y energía. Este principio de igualdad (ISO) suele utilizarse en Musicoterapia, por ejemplo, en tratamientos de estados emocionales y/o en casos de hiperactividad.

Recordemos que nuestros ritmos biológicos (latidos del corazón, frecuencia respiratoria) se adecuarán, con el tiempo necesario, a los de la música que escuchamos y estas variaciones fisiológicas tendrán su repercusión en los estados emocionales.

¿Cuál es el impacto de un «mantra» a nivel cerebral? ¿Y emocional?

Un mantra consiste en un sonido, una o varias palabras, que se repiten verbalmente o mentalmente con el fin de conseguir apaciguar o calmar la mente. El objetivo es focalizar o centrar la atención para que los pensamientos no se dispersen, y con ayuda de una respiración abdominal, pausada y lenta, se logre un estado de paz y #serenidad.

Es relativamente fácil explicar los efectos de un «mantra». Desde el momento en que tomamos la decisión de buscar un «espacio» (físico y temporal) para relajarnos o para #meditar, estamos facilitando y situando nuestros recursos en un estado de predisposición para conseguir los fines que deseamos. Por otra parte, según mi opinión, un «mantra» tiene el poder que nosotros le damos. No es necesario que esté concedido por un maestro, puede ser elegido por nosotros mismos. Lo más importante, creo, es el significado que le damos a ese sonido, a esa palabra o frase. Cada vez que la repitamos, verbalmente o mentalmente, actuará la energía emocional implícita y nos recordará su significado.

Hay autores que explican sus efectos por una vía fisiológica. En principio hacen referencia a los «mantras en sánscrito». Según citan, la vibración del sonido en el paladar se transmite hasta el hipotálamo y éste a través del eje hipotalámico-pituitario regula la respuesta hormonal, de forma similar a su actuación ante situaciones de estrés.

Por una u otra razón, o por ambas, creo que podrían explicarse los efectos cerebrales y emocionales de los mantras.

Pero, pensemos también en el efecto que, como medio de comunicación o lenguaje, tienen las palabras. Cuando dialogamos con otra persona que está irritada, sus palabras nos afectan profundamente, tanto a nivel emocional como fisiológico. Lo mismo ocurre cuando nos dirigen palabras amables, de cariño o ternura. En este caso, las endorfinas generadas serán un maravilloso aliciente que nos estimularán durante todo el día.

Por lo tanto, si somos conscientes de estos efectos en los demás, ¡cómo no van a tenerlas cuando dialogamos con nosotros mismos!

Jordi A. Jauset

 

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