El sonido y la espiritualidad

Hace unos pocos días, un amigo me comentó que había tenido unas sensaciones muy «especiales» mientras escuchaba música. De hecho, está iniciándose en técnicas de meditación y en una de las sesiones, después de las consabidas respiraciones abdominales profundas y de relajarse físicamente, se concentró en la escucha de una grabación de sonidos de cuencos tibetanos.

En la parte final de la sesión, me comentó, que tuvo la sensación de que su cuerpo se fundía con el espacio que le rodeaba y que era «uno con el todo», a la vez que experimentaba una intensa emoción. Era la primera vez que tenía esta experiencia y se asustó. Le daba cierto apuro comentarlo con su familia así que me llamó por teléfono. Estaba bastante nervioso y tenía miedo de que estas prácticas pudieran dañar su cerebro.

La conversación duró unos 10 minutos y le tranquilicé, diciéndole que lo que había experimentado era totalmente normal y nada perjudicial. Para mayor tranquilidad le remití a que pausadamente leyera el capítulo 4 de mi libro «Sonido, música y espiritualidad» , titulado «El ser humano y la espiritualidad» donde reflejaba y explicaba, a partir de la consulta de diversos documentos, qué le ocurría al cerebro durante los estados meditativos. Hay unos párrafos en los que se describe exactamente su experiencia: la escucha atenta de los sonidos aumenta la actividad en el lóbulo frontal (incremento de la atención) y temporal (descodificación del estímulo sonoro y activación de las estructuras límbicas), disminuyendo la del lóbulo parietal (relaciones espacio-tiempo) lo cual crea la pérdida de la identidad individual y, de allí, la sensación de la eliminación de la barrera física entre su piel y el entorno, percibiéndose una fusión con el todo.

En absoluto era una práctica peligrosa, había experimentado qué le ocurre al cerebro cuando hay, por una parte, una intensificación de estímulos activando determinadas áreas y, por otra, una carencia de otros, inhabilitando determinadas percepciones que en un estado normal no se producen.

Los maestros sufís, los místicos, los guías espirituales, siempre han considerado al sonido y la música unos medios muy poderosos y de gran ayuda para acceder a estados elevados de consciencia. Tal como expongo en mi libro, «…las artes, especialmente la música, son elementos del mundo físico exterior unidos o conectados fuertemente con nuestro mundo interior, con nuestro espíritu. Interpretar o escuchar música abre un camino directo e instantáneo hacia nuestras realidades más internas, siendo la música un vínculo físico con nuestro espíritu inmaterial así como una estimada herramienta en nuestro viaje interior, en nuestra evolución personal. La música actúa como guía a través de los laberintos de la conciencia, nos ayuda a encontrar lugares desconocidos de nuestro interior, nos permite explorar y descubrir nuevas realidades, convirtiéndose en una poderoso instrumento de autoconocimiento y de crecimiento personal…»

Jordi A. Jauset

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