Ejercicio físico y cerebro: eterna juventud – Jordi A. Jauset
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Ejercicio físico y cerebro: eterna juventud

El neurocientífico Arthur Kramer, experto en ejercicio físico y envejecimiento, comenta la importancia del ejercicio físico para mantener un cerebro joven (La Contra, La Vanguardia, 29-10-15). Al leer la entrevista me he sentido identificado con él en algunos aspectos, especialmente en la actividad de simultanear el ejercicio físico (bicicleta estática) con el intelectual (lectura y estudio de artículos, informes,…). Es una buena práctica, pues además de romper con la monotonía del ejercicio, la sensación es que la mente es más eficiente. Al menos, personalmente, la concentración y la atención se incrementan.

Desde hace ya algunos años, las investigaciones sobre los beneficios del ejercicio físico apuntan más a las funciones cognitivas que a los derivados de la “maquinaria” (sistemas cardiovascular, respiratorio, muscular,..). En una de mis obras (Sonido, música y espiritualidad, Gaia, 2010) me preguntaba por qué era tan habitual que en empresas multinacionales americanas se practicara el jogging e incluso se aprovechaban para celebrar reuniones de equipos directivos. Mi experiencia me llevó a la conclusión de que era una excelente sesión de brainstorming, pues las ideas y creatividad aumentan notablemente durante el ejercicio.

El incremento de los niveles de factores neurotróficos (proteínas BDNF) que intervienen en las sinapsis es uno de los beneficios de la práctica aeróbica de ejercicio físico y una de las razones por las cuáles se recomienda, especialmente, en edades adultas. El eterno dicho de Juvenal “mens sana in corpore sano” está más actual que nunca, pero ahora con evidencias científicas. Sin embargo, aún hay más. Recientes estudios descubren que si el movimiento se combina con la música, los efectos de dichas actividades son superiores a los que proporciona cada una de ellas por separado. Ambas potencian la neuroplasticidad -creación de nuevas vías de conexiones neuronales- aunque por mecanismos distintos, y su acción sinérgica ofrece mejores resultados.

El cerebro de los músicos es considerado como un modelo de plasticidad. Pero, comienzan a aparecer investigaciones sobre las modificaciones estructurales y funcionales cerebrales de aquellos profesionales que combinan la música con el movimiento como, por ejemplo, los practicantes de danza. Podéis encontrar un reciente artículo aquí. Los beneficios hallados sugieren que la danza es un buen antídoto contra la depresión, aumenta la autoestima, favorece el equilibrio físico-corporal y es un protector ante la neurodegeneración celular.

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